22
May
09

El ché, tradición argentina

Por: León Arango Barrientos

El Ché, restaurante de carnes argentinas famoso por ser uno de los vestigios gastronómicos y bohemios del Medellín de los setentas, no me causó una buena primera impresión. De entrada, es difícil reconocer el llamativo olor de las carnes, quizás por su ubicación al lado de las populares empanadas El Machetico. El aroma de las carnes se confunde con el intoxicante y grasoso olor de las empanadas, famosas por su gran tamaño y bajo precio, delicia de peatones y alimento de taxistas.

Cualquier primera impresión que me pude haber llevado en la entrada fue borrada una vez atravesé la puerta de vidrio al ingresar. El aura retro que rodea al lugar me comenzó a seducir, invitándome a viajar en el tiempo. El restaurante, si bien no tiene un “tema” o estilo de decoración especifico, se complementa con un popurrí de fotos, cuadros y adornos que hacen alusión al tango y a la gran Argentina, en especial Buenos Aires. Complementando los diferentes objetos y cachivaches que hacen alusión a la cultura tanguera, está la concepción o el alma rústica que permea el restaurante. Los muebles, el bar y las mismas paredes están fabricadas con una madera antigua, fina y oscura que contrasta con modestos floreros que acompañan a las mesas, cómo no, cubiertas por manteles de cuadritos blancos y rojos.

Sumado a la simplicidad en la decoración y el ambiente en general tranquilo del restaurante, descubrí el sello que lo caracteriza. Una verdadera cápsula del tiempo y a la vez gran parte del atractivo y magia con sus visitantes habituales, es la compañía permanente de viejos amigos: Alberto Castillo, Oscar Ferrari, Carlos Gardel, Libertad Lamarque y Adriana Varela, leyendas argentinas del tango que se rehúsan a desaparecer de la memoria colectiva de los aficionados a la música de arrabal. Para rematar ese proceso de conquista con los comensales, para sellar ese trato que nos prometió una buena experiencia desde que nos sentamos, están Aldemar y el Mono, los dos meseros de planta, encargados de terminar de cautivar a los invitados, ya que con su hospitalidad te sientes verdaderamente “en casa”, comenzando por su simple pero muy amena forma de dar la bienvenida: “adelante”.

Superadas las frivolidades sociales, los meseros me invitaron a sentarme en la mesa que queda al lado de la barra de ensaladas, que por cierto, me sorprendió por su variedad. Aldemar, el encargado de atenderme esa noche, me entregó la carta y me sugirió el róbalo apanado, gesto que agradecí pero prefería ver la carta, que como tal no tiene una presentación estética agradable, a la usanza de la vieja escuela: cuero con papel plastificado y no oculta los años que tiene encima pasando de mano en mano. La carta presenta pocos platos para elegir. La sección de carnes ofrece los diferentes pero característicos cortes de res argentinos: churrasco, baby beef, punta de anca y bifé de chorizo. También ofrecen pollo entero a la parrilla y cañón en salsa de manzana. Para mi sorpresa, aparte de las carnes ¡la carta tiene una sección de pizzas a la parrilla! Pizza margarita, de jamón y champiñones o pizza de pollo, son algunas de las que ofrecen. La sección de postres no tiene grandes sorpresas con su tiramisú, el pastel de manzana y el browine con helado.

Después de leer la carta con detenimiento, llamé a Aldemar y le pedí un churrasco término ¾, con acompañamiento de papas a la francesa (sugerencia de la casa) y para tomar una cerveza Águila bien fría. Aldemar repitió el pedido para confirmar, asentí y se fue a entregar la comanda. A los cinco minutos, se acercó el otro mesero, el Mono y me puso en la mesa dos tipos de salsa, de tomate y chimichurri, la cerveza y por último una canasta de esterillas llenas de panes con ajo tapados por una servilleta roja. Pasaron veinte minutos y la comida llegó hasta la mesa junto con una porción de cebollitas asadas, cortesía de la casa. La presentación del plato no era sofisticada, me recordó a un almuerzo casero, familiar, con la disposición que tenían las papas al lado de la carne. El aroma del plato era de primera y detalle de las cebollitas me encantó y me abrió mucho más el apetito.

Me dispuse a probar la porción de carne y ¡vaya sorpresa! Ese churrasco fue, quizás, el mejor pedazo de carne que he comido en mi vida. La carne tenia una cocción perfecta, estaba bien sellada y contenía todos los jugos, las papas a la francesa están fritas de manera que eran crocantes y doradas por fuera pero por dentro estaban blandas. Sumándole a lo anterior, la combinación de las cebollitas asadas con el chimichurri en la carne, era algo de otro mundo. Me di gusto y terminé el plato con tranquilidad, sin afanes. Me ofrecieron la posibilidad de pedir algún postre de la carta mientras me retiraban el plato de la mesa, oferta que rechacé, puesto que había quedado satisfecho. Pedí la cuenta y el precio me pareció justo. Comer en El Ché, fue para mí una experiencia gastronómica completa, porque el establecimiento logra a través de su simpleza cautivar al comensal desde lo más importante en la cocina; el servicio, la hospitalidad y la simpleza de la comida que cautiva por lo que debe cautivar y nuestra razón de ser: el sabor.


0 Responses to “El ché, tradición argentina”



  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: