26
May
09

Una Noche En La Cocina Del Avila…

Por: Ana Maria Ardila Rivera

n862875191_6286433_2246116A partir del boom gastronómico que ha habido en la ciudad, muchos restaurantes han surgido en la escena gastronómica citadina. De tantos restaurantes que han surgido muy pocos han logrado cautivar a la ciudad como lo ha hecho el Ávila, pues siendo un restaurante relativamente nuevo, inmediatamente se destaca por su cocina de autor, que es una propuesta relativamente nueva para una ciudad que apenas está dando sus primeros pasos en la cultura gastronómica y en la alta cocina.

Mi visita al Ávila no fue usual. Esperaba sentarme a pasar un rato agradable comiéndome un delicioso plato junto a mi esposo, pero gracias a un momento de osadía de mi parte, resulté entrando en la cocina y viendo como los cocineros preparaban mi plato y otros tantos.

Había escuchado algunos cometarios de compañeros de la universidad, así que me decidí a hacer una reserva, la hice para un jueves en la noche para dos personas, mi esposo y yo. Al ingresar al restaurante la primera sensación que tuve fue bastante relajante pues allí, además de funcionar un restaurante, hay un spa. Adentro en el hall, nos recibió un encargado del servicio el cual era bastante cordial, simpático y a propósito estaba impecable con su vestimenta negra. Mientras el nos mostraba a mi esposo y a mí el local, nos indicó cual era el lugar que nos había asignado. Mientras el nos daba un recorrido, me asombre por la decoración y estilo único que tenía el restaurante. Para mis planes me había tocado el puesto al frente de la puerta de la cocina. Desde allí podía ver cada que de la cocina salía un nuevo plato. Mientras que bastante concentrada veía el “lleve y traiga” de la cocina, nos ofrecieron agua saborizada de piña o de sandia, cosa que no es muy habitual en los restaurantes  de Medellín. Luego nos entregaron la carta en una presentación muy bonita, era como un pergamino en un tubo de bambú. Mientras leíamos la carta, el señor del servicio iba contando cómo surgió la idea del Ávila, su dueño es un Chef venezolano llamado GAMAL FADLALLAH, su especialidad es la cocina Mediterránea, Asiática y nueva Latina,  que es lo que en este momento está de moda en cocina de autor. De esta pequeña biografía que nos dieron del chef, inmediatamente uno se puede dar cuenta porque él Ávila está en boca de todos. Luego de decidir que pedir me arriesgué y le pedí al señor de servicio que si era posible entrar a la cocina, el con un gesto amable me respondió que iba a preguntar si era posible, no pasaron más de tres minutos y el señor de servicio regresó acompañado del subchef, quien muy amablemente se presento y me invito a pasar a la cocina. ¡La sorpresa que tuve al entra a la cocina fue enorme! descubrí que la cocina es mucho más pequeña de lo que me podía imaginar para un restaurante tan codiciado y prestigioso como este. No salía de mi asombro al ver que desde esa cocina tan pequeña salían platos tan magníficos. También fue de mi sorpresa encontrar a un estudiante  de la colegiatura haciendo sus prácticas allá, lamentablemente este no fue tan amable conmigo como las demás personas con las que había estado tratando. Antes de salir  de la cocina ya estaba listo mi plato y lo estaban despachando hacia mi mesa, el plato era justo lo que esperaba después de haber podido conocer como era su elaboración, la cual me explicaron paso a paso. Ya en mi mesa, dejé de pensar en la cocina y como hicieron los platos ahora servidos, ya era el momento de disfrutar mi plato y ¡sí que lo disfrute! A la hora del postre, ni mi esposo ni yo lo quisimos pedir porque nos encontrábamos bastantes satisfechos con los platos que nos habíamos comido. Ya cuando nos estaban retirando los platos de la mesa, se me acerco nuevamente el subchef quien quería decirme que para la próxima semana cambiarían la carta y quería enseñármela antes. Al ver la carta  le respondí que la próxima semana también estaría ahí ya que la nueva carta se veía igual de exquisita a la anterior. Debo reconocer que el gesto que el subchef tuvo conmigo me pareció genial, ya que me sentí importante y parte del mundo gastronómico por primera vez.

En conclusión, la velada en el Ávila para mi fue inolvidable no sólo porque su cocina y comida me dejara enamorada, sino porque por primera vez pude ser parte, aunque fuese por un poco tiempo, del mundo gastronómico,  el oficio que anhelo ejercer algún día.


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