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27
May
09

La cocina del Trifásico

POR Juan David rodríguez N.

Cuando llegamos Simón y yo al trifásico nos recibió su dueño con un saludo muy fraternal, un hombre de edad que pintaba ya algunas canas y un bigote blanco alargado, muy chapado a la antigua, pero en fin un hombre muy caluroso y que nos hizo sentir realmente como en casa, cruzamos algunas palabras con él sobre su vida y el origen del restaurante y al transcurrir un rato conversando, comenzamos a hacer nuestro trabajo.

Le hicimos una pequeña entrevista a don Carlos, donde nos llevo por todo el sitio, voy a enfocarme en lo que vi en la cocina, que es lo que a mí me interesa, porque tiene mucha diversidad de personal y distintas formas de elaboración de un platos, además muestra el origen de nuestra mesa colombiana.

La cocina del trifásico es muy antigua en ella se encuentran las clásicas baldosines blancos y cuadradas por toda la pared, no muy limpias la verdad, unas grandes estufas, cuatro o cinco cocineras y ollas repletas de comida, Me recibió en la cocina la señora Ana, una de las cocineras de este restaurante, me mostró y me explicó algunas de las cosas que estaban preparando, las inmensas ollas de arroz, de frijoles, los chicharrones listos para fritar, y muchos otros elementos que ellos sirven en sus platos, hacían parte de esta cocina.

Estas señoras de la cocina son señoras muy Antioqueñas, que viven esa cocina desde que nacieron, su conocimiento y técnica es algo que aunque no se ve muy estético es muy desarrollado en ellas, además el calor con el que me recibieron, me hizo sentir muy bien, aunque no probé nada de lo que preparaban me imagino que estaba delicioso.

Mi visita por la cocina no fue muy larga cinco o diez minutos como mucho, pero fue algo muy chévere, en ese momento ya habíamos acabado nuestro video, nos despedimos el señor nos ofreció una limonada, la tomamos y con un apretón de manos salimos del trifásico, muy contentos por la experiencia vivida.

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26
May
09

Una mirada a los restaurantes “POPULARES”

DSC02500Por: Carlos Andrés Herrera Montañez

Cuando se habla de restaurantes populares se puede pensar que estos establecimientos son de un nivel bajo y que son exclusivos de la clase media-baja. Pero cuando entramos en estos sitios encontramos que entre su clientela hay todo tipo de personas, desde el mecánico hasta el ejecutivo de mando medio.  Además, se ubican a lo largo de toda la ciudad, desde las zonas más exclusivas, hasta zonas de estrato 2 y 3.

A pesar de haber tantos restaurantes de este tipo en todas las zonas de la ciudad, todos conservan un estilo muy similar, sus precios oscilan entre $5.000 y $8.000 pesos, pues el coste de su menú depende de muchas cosas que van desde el lugar en el que están ubicados hasta la calidad del plato que se ofrece.

La carta de los denominados ejecutivos es muy simple, yo diría que mas que una carta es un menú preestablecido al que normalmente llaman “menú del día”, aunque en algunos sitios también  ofrecen los llamados “platos especiales” en donde simplemente se cambia la proteína animal por una de mejor calidad o por otro tipo de cocción especifica.

El menú del día está compuesto en todos los restaurantes populares por: una sopa, generalmente algo aguada pero muy gustosa, el arroz no puede faltar en ningún caso, también sirven una leguminosa a la que ellos llaman “entrada o principio”; además, el plato contiene alguna proteína animal que es generalmente muy delgada, todo esto acompañado por una ensalada simple (de lechuga, tomate y cebolla) y un vaso de alguna bebida.   Y todo esto por un precio tan bajo, es sin duda una gran opción en un país como el nuestro en el que encontramos serios problemas económicos, y es por esta razón que entre las doce del medio día y las dos de la tarde vemos estos restaurantes totalmente llenos.

Diariamente se atienden entre sesenta y setenta  personas distribuidas en aproximadamente quince o veinte mesas, que están repletas en las denominadas “horas pico”.

Al entrar en estos establecimientos a la hora del almuerzo lo que se vive es muy similar, un restaurante repleto, invadido por el ruido, gente de todo tipo y todo esto sucede en un lugar que antes era una casa que fue modificada para hacerla restaurante.  Cuando uno se sienta llega un mesero a atenderlo, él va sin ningún tipo de vestimenta especial, simplemente con ropa de calle, una pequeña libreta en la que anota el pedido y un carisma especial que lo hace sentir a uno bien. En otros lugares puede atenderlo  una señora, casi siempre de edad, con un delantal largo y con la misma libreta donde toma la comanda.

Tras esperar unos minutos llega el pedido, uno se encuentra con un plato que tiene un sabor muy agradable, pero nota que la carne es diminuta mientras que el arroz llena casi todo el plato. La bebida parece mas bien un agua saborizada y es servida en vasos pequeños. Pero por ese precio no deja de ser una gran opción pues no se puede esperar un gran plato a un costo tan bajo.

Todos debemos saber que aunque estos sitios no manejan los estándares de la alta cocina, son los restaurantes que mas frecuentan las personas en nuestro país, pues en muy pocos casos una persona en Colombia está dispuesta a pagar más de $10000 pesos por una comida por más elaborada que sea.  Tal vez no es por problemas de gustos si no mas bien es un problema social que se vive internamente, en donde el dinero se reparte entre unos pocos y gran parte del pueblo recibe pagos que parecen un insulto a su trabajo; es por todo esto que no debemos desconocer que estos lugares existen y los tenemos que visitar para aprender que es lo que se come nuestro pueblo.

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La cocina:

En uno de estos restaurantes me permitieron conocer su cocina y estar durante un servicio de almuerzo. Llegue a la cocina a las once de la mañana aproximadamente, en ese momento se estaba alistando todo para el servicio y se finalizaban algunas preparaciones.

Mientras las dos señoras que trabajan en el lugar finalizaban todo para el menú del día, otro cocinero al que llamaban “Don Eddy” se estaba encargando de arreglar unas carnes de res y de pollo para los clientes que ordenaran plato especial.

Los dos meseros encargados de las 25 mesas del lugar estaban revisando y secando todos los platos y los vasos para que al llegar la hora del servicio estuviera todo listo y en orden para optimizar el tiempo en el servicio, en ese momento yo les estuve ayudando a los meseros a secar y organizar todo, además también estuve sirviendo unos cuantos jugos para tener listos al llegar las 12 del medio día.

 A las 11:50 de la mañana llegó el primer cliente al que se le atendió muy rápido y con efectividad empezaron a llegar otros clientes progresivamente y a eso de las 12:30 el restaurante estaba lleno y el trabajo en la cocina era intenso.

Parecía una coreografía muy bien montada de la que todos participaban y me hicieron participe, yo estuve encargado de poner el arroz con un pocillo tintero en los platos y lo pasaba o los demás que se encargaban de completar el pedido de los clientes.

El trabajo más extenuante fue más o menos hasta la 1 de la tarde  donde otra vez se calmo todo, empezaron a llegar los clientes más despacio y esto daba un mayor margen de tiempo para montar los platos y tener todo listo.

Cerca de las 2:30  se estaba acabando la sopa a lo que le agregaron un poco de agua para los clientes que faltaban por llegar que no eran muchos. Lo que quedaba se hacía rendir al máximo para que no fuera a hacerle falta nada a nadie.

Cerca de las 3:20 de la tarde llego el ultimo cliente del día los patrones se pusieron a hacer las cuentas del día, los meseros se encargaban del aseo del comedor y los tres cocineros adelantaban algo del siguiente día y hacían algo de aseo, a las 4:40 de la tarde acabaron de alistar lo del día siguiente se pusieron en la tarea de limpiar y arreglar la cocina. Alrededor de las 5 de la tarde me fui muy agradecido con el dueño del restaurante “Comidas rápidas las dos tortugas” por permitirme entrar en su cocina un día.

26
May
09

´´EL TRIFÁSICO´´: Un recorrido por lo típico y lo tradicional de la gastronomía antioqueña.

Por: Simón Agudelo.DSC03081

El Trifásico es un lugar muy reconocido en la ciudad de Envigado debido a la influencia que ha tenido como restaurante de comida típica en el Valle de Aburrá, que trasciende por más de 25 años de experiencia en el negocio de alimentos. Por esto decidimos realizar una visita a este acogedor lugar en el que además de disfrutar de deliciosas preparaciones típicas de nuestra región, también priman la atención y la amabilidad que va desde sus meseros, hasta su fundador y actual propietario: Don Orlando Montes.

Gracias a la buena atención del restaurante tuvimos la oportunidad de compartir unos minutos con su propietario el cual nos comentó acerca de él como persona y a la vez un poco de la historia de este tradicional lugar, que con sus 25 años de experiencia,  ha tenido la oportunidad de recibir a personalidades importantes de la ciudad e incluso del país como lo fue la visita del ex ministro de defensa Juan Manuel Santos  También el pasado mes de abril mientras se desarrollaba  la asamblea del BID,  el Trifásico tuvo la oportunidad de ser contratado para ofrecer a los comensales extranjeros sus  deliciosos chicharrones,  únicos en la ciudad, los mismos que han acompañado muchos otros eventos importantes, convirtiendo el restaurante en protagonista de la gastronomía de la región; comparado con negocios  de la talla de Andrés Carne de Res en Bogotá o Mezeler  y La Provincia en la Zona Rosa de Medellín,  tal y como aparece en el artículo ´´ Los elegidos´´ el cual hace referencia a los restaurantes más importantes con el título de ´´los más reconocidos´´.

El Trifásico está ubicado en el corazón del Municipio de Envigado, que con su ubicación y decoración del establecimiento, expresa una historia fascinante en la que los paisas nos sentimos identificados y acogidos.  Hace algunos días tuve la oportunidad de visitar el lugar con mi familia y para mí fue una experiencia bastante agradable.  Al ingresar fuimos atendidos por Chucho, un excelente mesero de aproximadamente 1.55 metros de altura, y con una apariencia que refleja cordialidad y atención;  fundador del Trifásico y que se ha convertido en un personaje fundamental en el personal del restaurante debido a su carisma y amabilidad que hace que todo cliente del trifásico se sienta como en casa.

En el menú podemos encontrar variedad de platos, según la necesidad del cliente como por ejemplo de entrada se puede pedir el chorizo, que viene acompañado de arepas bola, típicas de la comida antioqueña, el cual puede ser una opción para ordenar con alguien como entrada. Como bebida acompañante lo mejor que tiene el trifásico es el guarapo; bebida sencilla en su elaboración, pero con aquel toque único del trifásico y que nos recuerda el guarapo de casa antioqueña que siempre estaba como opción para acompañar el almuerzo.

Como plato fuerte a la hora de elegir en un restaurante típico mi elección generalmente es la carne de cerdo acompañada con una porción de fríjoles y arroz, y en este caso no fue  la excepción puesto que efectivamente tuve la oportunidad de pedir carne de cerdo con porción de fríjoles y arroz acompañada de patacón, tajadas de plátano maduro y arepa bola, y pienso que fue un plato muy agradable debido a que al igual que el resto de sus productos  en el trifásico siempre te ofrecen productos y preparaciones de la mejor calidad.

De esta manea el Trifásico se convierte en una propuesta gastronómica inigualable en la ciudad donde se puede disfrutar de lo mejor de nuestra comida antioqueña, en un espacio agradable y típico de la ciudad, con la atención que el cliente se merece, haciendo de este un lugar acogedor, agradable y especial.

26
May
09

Una Tarde en Criterión

 

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Vamos caminando por las calles de Bogotá y cruzando una esquina llegamos a Criterión, uno de los mejores restaurantes de la ciudad y para entonces uno de los más populares por haber recibido una medalla estadounidense por  su innovación, manejo de productos y servicio.   Llegamos a la puerta y me siento emocionado por comer en un restaurante tan reconocido. La apariencia externa del restaurante es muy sencilla con colores brillantes, madera y cemento, guarda mucho estilo, y al momento de verlo uno se siente acogido por el lugar.

Nos abre la puerta un señor muy elegante con un uniforme impecable y una sonrisa muy alegre, nos muestra al mesero que nos va atender ese día y el nos guía a nuestra mesa  mientras que yo, muy emocionado, me dispuse a por ponerlos a prueba y empecé a preguntarle varias cosas sobre el restaurante, el servicio, y la brigada de cocina; el mesero muy tranquilo contestó todas las preguntas, me dejó satisfecho por el momento.  Cuando llegamos a la mesa noté que esta tenía un pequeño adorno en la mitad, era una flor de madera con una bola roja en el centro. Antes de sentarnos el mesero recibe nuestras chaquetas y las pone en un perchero no muy lejos de mi vista -me imagino que a propósito- nos sentamos y remueven el adorno de la mesa para que no estorbe y se retira.

Nos sentamos a contemplar un rato el restaurante, tenía pocas mesas,  un bar con dulces de la repostería, madera y paredes blancas, era muy suave para observar; en ese momento se acerca el mesero con las cartas muy elegantes de color marrón con hojas muy delicadas por dentro. Empiezo a ver detalladamente la carta y los platos que la conforman y me puede dar cuenta fácilmente de que todo armoniza: los sabores, las texturas y el estilo de presentar al comensal los platos con recomendaciones y divisiones lógicas.

Decidimos ordenar la entrada de hongos para mi amiga y yo, y una copa de vino para acompañar. Como plato fuerte  pedí  la carne con espuma de vloute y setas y mi compañera pidió un pollo relleno con macadamia, y habiendo ordenado nos  sentamos a esperar impacientes. Luego de unos siete minutos  llegó la entrada con las copas de vino y confieso que es uno de los mejores platos que me he comido en mi vida; unos hongos en una salsa que no logro describir, y una mezcla  entre los que estaban portobelos, shitake y los mejores para mi, las orellanas.Criterion 1

A los ocho minutos  llegan los fuertes y en ese momento, antes de empezar a comer, miro muy detalladamente el plato buscando algún error en la presentación, alguna huella o marca pero no encuentro nada, en ese momento ya no aguanto más y dejo de estar pendiente del restaurante para perderme en los sabores del plato, la textura de la carne, de la salsa, eran perfectos y deliciosos; los sabores pegaban perfectamente con el vino recomendado por el mesero. Al terminar me sentía restaurado por completo pero la experiencia no terminaba ahí.

Al terminar de comer y pagar la cuenta bajamos al primer piso, con la intención de entrar a la cocina, tenía muchas ganas de ver el tamaño, la organización y el ambiente. Cuando uno de los chefs se enteró que éramos de la Colegiatura nos abrieron las puertas. Cuando entramos, me sorprendí con el tamaño de la cocina, al momento de entrar uno se encuentra con dos puertas a los lados, la de la izquierda es una oficina y a la derecha el cuarto frio, más adelante los quemadores y ollas colgando por todas partes, realmente me pareció muy pequeña a comparación de la gente que había adentro. Después de satisfacer nuestros caprichos, salimos de la cocina y nos dimos cuenta de que no habíamos comido postre y nos sentamos nuevamente. Nos traen la carta, y luego de pensar un tiempo decidimos pedir un postre para dos que traía todas las delicias del restaurante en pequeñas proporciones. Ese fue el broche de oro para mí, la experiencia en general me ayudó a expandir mi creatividad, vi mezclas de texturas, sabores y olores que no había contemplado,  no por ser fuera de lo común, sino porque hay cosas que a uno simplemente no se le ocurren hacer.  Esta fue mi primera experiencia gastronómica completa, estoy muy ansioso por volver ahora que tengo más conocimiento. Me ayudo a motivarme en la carrera que escogí y estoy seguro que quiero cocinar por el resto de mi vida.restaurante

Por: Esteban Salgado

26
May
09

Una Noche En La Cocina Del Avila…

Por: Ana Maria Ardila Rivera

n862875191_6286433_2246116A partir del boom gastronómico que ha habido en la ciudad, muchos restaurantes han surgido en la escena gastronómica citadina. De tantos restaurantes que han surgido muy pocos han logrado cautivar a la ciudad como lo ha hecho el Ávila, pues siendo un restaurante relativamente nuevo, inmediatamente se destaca por su cocina de autor, que es una propuesta relativamente nueva para una ciudad que apenas está dando sus primeros pasos en la cultura gastronómica y en la alta cocina.

Mi visita al Ávila no fue usual. Esperaba sentarme a pasar un rato agradable comiéndome un delicioso plato junto a mi esposo, pero gracias a un momento de osadía de mi parte, resulté entrando en la cocina y viendo como los cocineros preparaban mi plato y otros tantos.

Había escuchado algunos cometarios de compañeros de la universidad, así que me decidí a hacer una reserva, la hice para un jueves en la noche para dos personas, mi esposo y yo. Al ingresar al restaurante la primera sensación que tuve fue bastante relajante pues allí, además de funcionar un restaurante, hay un spa. Adentro en el hall, nos recibió un encargado del servicio el cual era bastante cordial, simpático y a propósito estaba impecable con su vestimenta negra. Mientras el nos mostraba a mi esposo y a mí el local, nos indicó cual era el lugar que nos había asignado. Mientras el nos daba un recorrido, me asombre por la decoración y estilo único que tenía el restaurante. Para mis planes me había tocado el puesto al frente de la puerta de la cocina. Desde allí podía ver cada que de la cocina salía un nuevo plato. Mientras que bastante concentrada veía el “lleve y traiga” de la cocina, nos ofrecieron agua saborizada de piña o de sandia, cosa que no es muy habitual en los restaurantes  de Medellín. Luego nos entregaron la carta en una presentación muy bonita, era como un pergamino en un tubo de bambú. Mientras leíamos la carta, el señor del servicio iba contando cómo surgió la idea del Ávila, su dueño es un Chef venezolano llamado GAMAL FADLALLAH, su especialidad es la cocina Mediterránea, Asiática y nueva Latina,  que es lo que en este momento está de moda en cocina de autor. De esta pequeña biografía que nos dieron del chef, inmediatamente uno se puede dar cuenta porque él Ávila está en boca de todos. Luego de decidir que pedir me arriesgué y le pedí al señor de servicio que si era posible entrar a la cocina, el con un gesto amable me respondió que iba a preguntar si era posible, no pasaron más de tres minutos y el señor de servicio regresó acompañado del subchef, quien muy amablemente se presento y me invito a pasar a la cocina. ¡La sorpresa que tuve al entra a la cocina fue enorme! descubrí que la cocina es mucho más pequeña de lo que me podía imaginar para un restaurante tan codiciado y prestigioso como este. No salía de mi asombro al ver que desde esa cocina tan pequeña salían platos tan magníficos. También fue de mi sorpresa encontrar a un estudiante  de la colegiatura haciendo sus prácticas allá, lamentablemente este no fue tan amable conmigo como las demás personas con las que había estado tratando. Antes de salir  de la cocina ya estaba listo mi plato y lo estaban despachando hacia mi mesa, el plato era justo lo que esperaba después de haber podido conocer como era su elaboración, la cual me explicaron paso a paso. Ya en mi mesa, dejé de pensar en la cocina y como hicieron los platos ahora servidos, ya era el momento de disfrutar mi plato y ¡sí que lo disfrute! A la hora del postre, ni mi esposo ni yo lo quisimos pedir porque nos encontrábamos bastantes satisfechos con los platos que nos habíamos comido. Ya cuando nos estaban retirando los platos de la mesa, se me acerco nuevamente el subchef quien quería decirme que para la próxima semana cambiarían la carta y quería enseñármela antes. Al ver la carta  le respondí que la próxima semana también estaría ahí ya que la nueva carta se veía igual de exquisita a la anterior. Debo reconocer que el gesto que el subchef tuvo conmigo me pareció genial, ya que me sentí importante y parte del mundo gastronómico por primera vez.

En conclusión, la velada en el Ávila para mi fue inolvidable no sólo porque su cocina y comida me dejara enamorada, sino porque por primera vez pude ser parte, aunque fuese por un poco tiempo, del mundo gastronómico,  el oficio que anhelo ejercer algún día.

26
May
09

RECUERDOS

VINPor: Karen Lorena Rey

La noche era larga y melancólica, en el fondo solo se escucha la vos de Tilo Wolff y Anne Nurmi, sin pensarlo mucho decido abrir una de las botellas de vinos que reposa sobre la repisa de mi pieza.

Me encontraba sentada frente al balcón de mi habitación, la luz era poca así que prendo una vela y me dedico a disfrutar del momento, con un cigarro entre mis labios,  una copa de vino tinto a mi lado y unas cuantas hojas para escribir.

Los recuerdos pasan vagamente por mi cabeza, trato de buscar palabras que se que nunca encontrare, así que escribo algunas líneas que dicen:

Me pierdo entre los recuerdo de aquellos atardeceres en el que el tiempo no tenia significado, si estaba con mis amigos, o si mi única compañía era la música y cigarro, atardeceres en los que podía pasar horas frente a una taza de tinto, en uno de mis lugares favoritos, el café del parque, como olvidar aquel aroma del café recién molido, que ahora que lo recuerdo me erizar la piel.

Pienso en todas las veces que Adriana me atendió con el dibujo de una sonrisa en su rostro, la forma en la que me ofrecía aquella carta que solo me hablaba de pasto, de su gente y de sus productos más significativos.

Vienen a mi mente muchos sabores, sabores que me hablan de mi ciudad, sabores suaves, fueres, dulces, amargos… infinidad de sensaciones que me hacen volver a aquellos momentos en que era imposible negarse a un capuchino, una torta de chocolate, un fuerte hervido de maracuyá, o un acido pero dulce granizado de té con limón.

Me detengo por unos minutos, dejo a un lado las hojas y el lapicero, bebo un sorbo de vino que pasa tan fuerte que humedece mis ojos con algunas lágrimas, decido cambiar la música por algo más alegre que cambie el rumbo de lo que estoy escribiendo, busco entre mis cd`s y encuentro algo de tierra santa, la poesía de sus letras me invade y sigo escribiendo.

Me traslado a un lugar mágico, un lugar donde existe la felicidad, la tristeza, el amor, la melancolía, la poesía, la historia, donde todos los sueños se escriben en viejos libros que nadie olvidara.

Este lugar sin nombre, pero con mucha historia, es el lugar perfecto para pensar, para olvidar la monotonía de la vida, que nos lleva a pensar que la vida no tiene sentido.

Como chef, administradora, mesera y dueña del lugar encontramos a Alana una persona que a sus 70 y algo de años nos abre las puertas de su café para dejarnos entrar en su vida.

A primera vista puede parecer una taberna vieja y descuidad, en su interior encontramos la colección más completa de LP`S (Long plays) que hay en Colombia, nos traslada al pasado con todas las antigüedades que rodean este lugar y que aun son utilizadas.

Las preparaciones que se ofrecen al comensal en este lugar son únicas, la frescura de sus productos más la experiencia de Alana asen de cada plato o bebida que ella sirve una experiencia inolvidable.

En la carta encontramos postre, bebidas y productos de panadería, que son muy típicos de pasto, son historia, son recuerdos, son sabores que nos hablan de quienes somos.

Mis bebidas favoritas, el tinto y los hervidos que podían ser de lulo, maracuyá o mora, con el sabor incomparable del aguardiente Nariño y para acompañar mi bebida, los bizcochuelos era mi elección, ya que me recordaban a mi abuela y aquellos momentos de mi infancia que pude compartir con ella.

En cada mesa un libro de poesía que tiene un inicio pero todavía no llega a su fin, no recuerdo cuantas beses escribí en estos libros y cuantas tardes me senté frente a uno de ellos a leer lo que hace muchos años se empezó a escribir.

Cada momento alrededor de una mesa está lleno de recuerdos, historias, olores y sabores que en un simple escrito son difíciles de describir…

25
May
09

Il Castello

Por: Daniela González

Bajando por la calle diez A uno se encuentra en la cuadra de la entrada al Parque Lleras a mano derecha, con tres restaurantes que bastante famosos y codiciados en Medellín; Il Castello, El Cielo y Orzo. Lo primero que se nota es la falta de parqueaderos, ya que los tres restaurantes tienen sólo cuatro espacios para parquear. La gran mayoría de los clientes de estos restaurantes optan por dejar sus carros en las vías y disfrutar de una buena comida, pero muchos comensales se molestan al ver la falta de espacio para parquear y deciden ir a otros sitios donde el acceso sea más fácil.   Il Castello está ubicado en la esquina, aunque hay un muro que lo tapa de la vista de los caminantes. La entrada es de ventanas grandes con marcos de madera y con ladrillo a los lados. El lugar no tiene una vista al exterior ya que sus ventanas están tapadas por cortinas de madera que contrastan muy bien con los marcos y además da un toque romántico.

Al entrar al restaurante tres meseros, vestidos de pantalón caqui, camisa azul claro y delantal blanco, reciben a los visitantes con una gran sonrisa y un “muy buenas noches o días”. Esto da una muy buena impresión y ganas de quedarse y disfrutar una buena comida. Lo primero que uno se da cuenta al entrar es que es un restaurante italiano ya que hay cajas de pastas en la barra y un horno de barro donde lo que más se hace son: pizzas rusticas de varios sabores, lasañas bastante gustosas y platos característicos de una cocina italiana internacional. El piso del lugar es un poco desgastado, con baldosín de cuadros blancos y negros, pero a pesar del evidente trajín que ha recibido el piso no se ve de mal gusto debido a que contrasta con el color oscuro del horno de barro producido por el humo que este emana. El piso también hace contraste con los manteles de las mesas los cuales son de cuadros rojos y blancos, aunque encima del mantel ponen un papel con publicidad para que no se ensucie. Este detalle hace que el restaurante se vea un poco menos fino ya que un restaurante elegante debe dejar la mesa sin nada encima excepto los cubiertos y los platos para cuando sirvan la comida. La barra donde hacen la pizza tiene un cuadro hecho de corchos que se ve de muy buen gusto y que complementa la excelente decoración que tiene el lugar, la cual permite que el cliente se conecte de inmediato con el sitio y se sienta cómodo, casi como en Italia.

A parte de la decoración característica del lugar, en una de las paredes hay siempre cuadros expuestos para la venta. Este detalle me parece que no va bien con el Il Castello ya que no es una galería sino un restaurante y soy de las personas que cree que cada cosa debe estar en su lugar. A pesar de la “galería” que tiene el sito, Il Castello es un muy buen lugar donde las personas pueden ir a comer una excelente comida y a pasar un buen rato con sus amigos.

Antes de que cualquier comensal se disponga a pedir, un mesero llega con una mini pizza de cilantro y aceite de oliva. Para  cuando llega el pedido a la mesa este viene acompañado de una canasta de panes de excelente calidad. La atención del sitio es muy buena ya que el comensal nunca se siente desatendido.

Al mirar la carta me doy cuenta que la mayoría de las preparaciones contienen pasta aunque también hay otros platos que le dan a los clientes otras alternativas si no desean comer pasta. La carta tiene un aspecto muy agradable; la letra es grande y llamativa; está bien divida en las secciones principales (entradas, pastas, pizzas, otros platos y postres) y todos los platos tienen una descripción debajo del nombre detalle que hace que los comensales no llamen tanto al mesero.

De lo primero que me antojé fue de un carpaccio de res el cual estaba delicioso. Viene en una porción generosa con suficiente queso y alcaparras, tiene un poco de maní que le da un toque característico y único. De plato fuerte pedí penne al vodka con una buena porción de salsa. Los pennes tienan un buen punto de cocción, la salsa estaba bastante suculenta y la temperatura del plato era la idea, en general es un gran plato y lo recomiendo bastante. Las personas que estaban conmigo también pidieron entrada y plato fuerte, todos los platos tenían la cocción a punto, una porción adecuada y la temperatura perfecta.

La presentación de los platos es simple pero buena. Los productos que ofrece el restaurante son fáciles de servir y esto se presta a que la decoración de los platos se vea bien. Algo que hay que se debe advertir a la hora de ir al Il Castello es que a pesar que las pastas son muy buenas, están no quedan al dente debido a que son pastas frescas; esto puede ser un desacierto si el comensal que va a probar los platos come la pasta el dente.

A pesar que el restaurante esta en la zona rosa de Medellín, tiene unos precios muy favorables ya sea para la comida o para las bebidas. Tiene una variedad de productos muy amplia; un cliente puede pedir pasta corta, larga, ravioles, algunas carnes, pizzas, lasañas, etc.  El servicio del lugar es muy bueno ya que aunque solo haya tres meseros la administradora también ayuda y así pueden atender a todos los clientes con prontitud y eficacia. El tiempo de espera para la comida es poco, esto hace que el restaurante tenga un flujo continuo de clientes. Una de las cosas que más ayuda a que el servicio sea tan rápido es que la cocina tiene un excelente personal; hay cuatro personas metidas allí y cada una de ellas tiene una tarea designada. Además el espacio de la cocina es bastante amplio lo que permite que los cocineros hagan sus tareas con rapidez y habilidad. En la cocina todo lo que se necesita en común esta en el centro, ya sea fogones o utensilios y en cada estación están las cosas que cada persona necesita para realizar la comanda que entra. Al lado de la cocina esta la barra y la parte administrativa. El restaurante está bien distribuido, se siente bien estar allá. Es muy satisfactorio saber que en nuestra ciudad hay un restaurante que combina la amabilidad, el excelente servicio, la exquisita comida y los buenos precios. Opino que si uno vive en Medellín o si viene de afuera y quiere comer una deliciosa pasta, Il Castello es el sito para esto.